En la MARATON de la SOBREVIVENCIA: Sobre el Costo de Nacer, Vivir y Morir en esta Sociedad

Este artículo es parte de la Serie de Textos: "El Estrés y el Mundo de los Excesos"

“me quejo de mi marido y yo ando igual, a veces peor. Me enfurezco cada vez que llega tarde a casa, con la cara destruida, sin poder hablar con nadie, sin que se le pueda contar nada y menos pedir una opinión. Más rabia da cuando dice "permiso, me voy a acostar" y nos deja a todos sentados en la mesa, finalizando la conversación. Para que decir de insinuar algún encuentro sexual, si terminamos el día agotados”

Separaciones conyugales, intolerancia en las relaciones, enfermedades físicas, desbordes emocionales, problemas de comunicación, irritabilidad, insomnio, son algunas de las tantas consecuencias del eterno correr del mundo actual"Yo creo que ando estresada", "el médico me dijo que esto sucedía cuando uno está estresado", son frases que se utilizan cotidiana y simplemente, sin saber necesariamente a que se refiere la palabra “estrés”.


La mayoría de las definiciones en relación al estrés, aluden a un desequilibrio entre las demandas o exigencias del entorno y la capacidad del organismo para afrontarlas o responder a ellas: un sistema vivo tiene una estructura con ciertas limitaciones para sobrevivir, si el medio interno o externo le exige más de lo que puede dar, el sistema debe obtener energía de otros lugares para responder, lo que va produciendo alteraciones físicas o psíquicas por exigir al cuerpo un rendimiento superior al posible.

Si bien desde un inicio nuestro organismo debe realizar esfuerzos por sobrevivir, tales como nacer, buscar alimentación, agua, abrigo, el problema surge cuando esta búsqueda se transforma en una situación constante, permanente, en la cual siempre hay que estar ingeniándoselas para hacerlo, estar siempre en estado de alerta. 

Con el desarrollo de la cultura y la tecnología, se han incorporado nuevas demandas que se han incluido dentro de lo que se considera “necesidades básicas”: electricidad, educación, salud y otras. También han ido surgiendo demandas vinculadas a la calidad de vida, a los intereses, a la comodidad, a las elecciones personales, que muchas veces se confunden con las necesidades vitales: funcionamos como si NO pudieramos vivir sin celular, sin televisión, sin internet. De hecho, si se cae un sistema de red en una institución todo queda paralizado. 

Si bien existe una relativización en lo que puede significar “básico”, el problema de la sociedad actual es que ninguna de estas "necesidades" está garantizada y las personas deben hacer grandes esfuerzos por cubrirlas. El nacimiento, la crianza de los hijos, la educación, la salud, la vivienda, la vejez, incluso la muerte, son estados que implican altos costos económicos. Esta situación produce en los ciudadanos una constante amenaza que los hace vivir, día y noche, inquietos, ansiosos e inseguros, ya que cualquier dificultad puede tener serias consecuencias. Si una persona pierde su trabajo se produce un colapso en todo el sistema familiar: hay que cambiar a los hijos de colegio, cambiar el programa de salud, incluso cambiarse de barrio. Si alguien tiene que hospitalizarse, debe endeudarse con altos montos de dinero. Si se quiere tener una vejez tranquila también hay que asumir un alto costo económico a lo largo de la vida activa.

El estado de constante sobrevivencia produce la sensación de que hay que funcionar como si se estuviera en una maratón, en la cual se tiene que ir hacia adelante sin mirar alrededor, ganarle al contrincante cueste lo que cueste, estar siempre alerta frente a las dificultades que surgen en el camino y al daño que el otro pueda llegar a hacer. De esta manera, el mundo se transforma en una competencia amenazante, en una batalla en la cual la persona se empieza a perder de sí misma, de su conexión con los demás, del entorno y del sentido. Su vida se ha transformado en “sacar cuentas” para lograr sobrevivir.


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