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MUCHO QUE AGRADECER A LAS FEMINISTAS

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Para todos, los tiempos han cambiado. Para algunos, los buenos tiempos han quedado atrás. De  todas las revoluciones, la de la mujer ha sido la más profunda, en tanto ha implicado una transformación cultural , un verdadero cambio en la mentalidad, en la manera de pensar, sentir y actuar de las personas. El control de natalidad, la igualdad social, el derecho a voto, la participación en el mundo laboral son pequeños grandes gestos que provocaron una transformación en la subjetividad femenina, en la manera de mirarse a sí misma. ¿Qué ha significado esto para las hijas y nietas de aquellas mujeres que miraron de frente la libertad y que se relacionaron, de una u otra forma con ella, haciéndole el quite, amistándose, enemistándose o llevando la lucha hasta el final? Estas hijas y nietas participan de una generación nueva, producto de aquella libertad, pero también producto del origen de aquellas madres, de una tradición, de una mentalidad arraigada durante siglos sobre cómo debe

LAS MUJERES PIDEN AYUDA

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La integración de la mujer al mundo laboral tiene que ver con un desarrollo personal. La mente empieza a pensar, a reflexionar y el cuerpo a actuar. Se tiene opinión frente a lo que rodea y se empieza a construir y participar en el espacio público, ya sea ministerios, universidades, empresas y todos aquellos lugares fuera de lo privado del hogar.    Al ser el espacio público un nuevo ámbito de acción, se necesita un gran esfuerzo para ser aceptadas, lo que hace que, en muchas ocasiones, las mujeres se pongan "más papistas que el Papa". Al integrarse a un mundo que pertenecía a los hombres, la mujer debe tener mucha fuerza para ser escuchada y utilizar más energía de la habitual para ser reconocida. Esto tiene efectos en el espacio familiar y privado.  Al estar tan cansadas y ensimismadas con el tema del “afuera”, cuesta la concentración en el hogar, en la relación con el otro, en el cuerpo y la intimidad. Si existen hijos, aparece la culpa. Se pretende entregar TODO

EN LA BUSQUEDA DEL PRINCIPE AZUL

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 A muchas mujeres de hoy le ha costado construir pareja, lo cual no deja de producir ansiedad. Las citas a ciegas comienzan a ser frecuentes. Las invitaciones a grupos de solteros y separados donde nadie se conoce. Las eternas presentaciones que hacen los tíos, los padres, los primos, preocupados porque "la niña no se ha casado". Por un lado, aún existe la presión social. Todavía está arraigada en nuestra cultura la necesidad de formar familia y antiguamente llegar a los treinta soltera, era ser solterona. Por otro lado, sigue presente en lo más profundo de nuestro ser, aquella mitología de la princesa que encuentra su príncipe azul. Estos dos aspectos son muy importantes en la constitución del "alma" femenina. Pero más concreto y real, es la necesidad cotidiana de estar con alguien en el mundo, de compartir con otro, de que la vida es mucho mejor de a dos. El mundo actual se hace pesado para alguien solitaria y siempre es bueno tener la complicidad de la

"DESPUES del BAILE..."

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Aquella noche Marcela aún andaba con un poco de sueño en el cuerpo. Su amiga la había llamado y obligado a levantarse de donde estaba instalada para tener un sábado tranquilo, leer y dormir, lujos que a los treinta ya podía darse. Al llegar a la fiesta, los amigos del hermano menor de la amiga le preguntaban, hablaban, conversaban. Adivinaban el colegio del cual ella había salido, cosa que a estas alturas ya no se considera. Le preguntaban qué quería estudiar, cosa que ya había hecho hace años. Le preguntaban la edad, cosa que al responder no le creían. Cuando empezó la música la sacaron a bailar.  El baile es la mejor instancia de seducción. En el baile todo es imagen y si esas dos imágenes logran coordinarse y armonizar en una, todo se vuelve espectacular. Bailar es volver al estado biológico, fisiológico, sin ética que se interponga, donde ambos cuerpos son capturados en una danza recíproca, en un solo movimiento. Después del baile comienzan las preguntas El

¡¡QUE ROLLOS!!

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  El cuerpo es una evidencia permanente, la expresión del "alma". En la pubertad  el cuerpo era la inestabilidad misma, pasando por épocas de gordura extrema, de espinillas, de excesos. Había pocas mujeres que se conformaban con su cuerpo. Cada una tenía su propio complejo y eso se expresaba en la manera de relacionarse con él. En esa época daba vergüenza usar polera sin mangas porque se sentían los brazos muy gordos, ocupar sostén o ser demasiado plana de todas partes, defectos que solo eran sabidos por la propia persona, nadie más se fijaba ni le importaban tan mínimos detalles. Es decir, todos eran rollos, rollos y más rollos. A medida que se va creciendo, se van superando algunas trancas e inhibiciones, lo que va permitiendo tener mayor seguridad para vivir en forma más fluida, tranquila y simple.  Al llegar a los TREINTA,  en el lugar de los antiguos rollos psicológicos, se empiezan a instalar nuevos rollos físicos. Es decir, por más dietas y ejercic

TREINTA... Y UNO Y DOS Y TRES...

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Columna publicada en Revista Ya, año 2001 Pertenezco a una generación de mujeres que anda a treinta por hora. Como las horas pasan más rápido, solo basta que pase una y ya son treinta y uno, treinta y dos, treinta y tres , sin darnos cuenta que aún no tenemos hijos, que la profesión recién comienza, y que todavía lo pasamos bien en una fiesta o acostándonos a las seis de la mañana. Aun así, cada vez nos encontramos con menos gente como nosotros en los recitales y con más amigos de los hermanos menores. En esos momentos aparece el "alcachofazo" en la cabeza, para empezar a contar hace cuántos años salimos del colegio, cuántos llevamos en el mundo laboral y a recordar mil anécdotas que hacen sorprender del paso del tiempo. Curiosamente la piel no se arrugó como se creía y nunca nos vestimos de traje de dos piezas o taco aguja, como era el estilo que siempre odiamos  de los adultos,  porque eso sí que era "ser vieja". El número sorprende porque es demasiado par